126° Un lugar que se parece a él.
Michael no tocó la puerta antes de entrar.
No era su estilo. Nunca lo había sido.
Simplemente giró la perilla y empujó con suavidad, como si aquel gesto bastara para anunciar su presencia. Y, en cierto modo, lo hacía.
La habitación era distinta a todas las que habían tenido en los últimos días.
Más amplia. Más limpia. Más… humana.
No olía a encierro ni a polvo ni a tensión acumulada como la bodega. Había luz entrando por una ventana amplia, cortinas claras que se movían con una brisa leve, y un