El aire fresco de la tarde me golpeó el rostro en cuanto crucé las puertas del hospital. Sentí un escalofrío recorrerme la piel, pero no sabía si era por el clima o por la incertidumbre que me carcomía por dentro.
Eliot caminaba a mi lado en silencio, con una mano en la parte baja de mi espalda, guiándome con una delicadeza que contrastaba con la tormenta que ardía en mis pensamientos. Subimos a su auto sin prisa, y él esperó a que estuviera cómoda antes de arrancar.
—Voy a llevarte a mi depart