No hablamos más.
El silencio se quedó con nosotros, pero era otro tipo de silencio. No el helado, el que corta, el que castiga.
Era un silencio herido, sí, pero honesto. El de dos personas que se habían dicho todo y, por primera vez, no intentaban taparlo con promesas vacías.
Günter respiraba hondo a mi lado. Yo también. Era extraño, estar tan cerca y al mismo tiempo tan lejos.
Pero por alguna razón… no dolía como antes.
Dolía distinto.
Menos como una herida abierta, más como una cicatriz recie