El auto avanzaba por las calles húmedas de Berlín, y cada farola que pasaba me hacía sentir más lejos de mí. No pregunté a dónde íbamos. No importaba. No tenía fuerzas para pensar. Solo sabía que no podía volver al hotel. No esa noche. No con Cassian allí.
Apoyé la cabeza contra el vidrio de la ventana. Sentía el pulso latiéndome en la garganta, como si mi cuerpo quisiera gritar por mí. Günter no dijo una sola palabra. Solo me observaba de vez en cuando, con esa mezcla de culpa y cuidado que al