No hablamos mucho en el camino de regreso. No hacía falta. Cassian tenía la mirada fija en el horizonte, una mano sobre mi muslo, como si necesitara asegurarse de que seguía allí. Yo lo dejé conducir en silencio, con el corazón aún encogido por lo que habíamos compartido esa mañana.
Cuando llegamos al apartamento, no quiso subir enseguida. Me pidió que lo acompañara a dar una vuelta. Caminamos por las calles más tranquilas de Back Bay, entre árboles que empezaban a vestirse de verano. El aire e