Cassian no habló en todo el camino de regreso. Manejaba con la mandíbula tensa y la mirada perdida, como si aún escuchara la voz de su madre repitiendo aquella frase. “Ella no habría querido que hicieras eso.” Yo tampoco dije nada. No porque no supiera qué decir, sino porque sabía que no necesitaba palabras. A veces, lo único que alguien necesita es que no lo interrumpas mientras intenta no romperse.
Cuando llegamos al apartamento, no subimos enseguida. Nos quedamos en el coche, en silencio. É