Me desperté antes que él. El apartamento estaba en silencio, como si el fin de semana se resistiera a terminar.
Cassian seguía dormido a mi lado, con el ceño apenas fruncido y el cuerpo en una posición tensa, como si ni en sueños lograra soltarse del todo. Me quedé mirándolo unos minutos, tratando de leer en su rostro lo que no había dicho la noche anterior.
Cuando abrió los ojos, me sonrió, pero fue una sonrisa apagada. Casi automática.
—Buenos días —murmuró.
—Buenos días —le respondí, en voz