El dia seguía en calma. Pero dentro de Jeremy Ambrosetti…
Nada estaba en calma.
Nada estaba en orden.
Nada estaba tranquilo.
Había caos.
Había furia aún latiendo en su pecho.
Había heridas abiertas.
Pero por encima de todo eso…
Había una sola cosa.
Diana.
Su nombre se repetía en su mente.
Una y otra vez.
Como un ancla.
Como un refugio.
Como la única razón por la cual no había perdido completamente el control.
Sus manos se aferraban con fuerza al volante.
Los nudillos blancos.
La respiración aún