El aire en el despacho era denso.
Pesado.
Irrespirable.
Como si el mismo ambiente supiera que algo estaba a punto de romperse… de una forma definitiva.
Jeremy Ambrosetti no se movía.
Pero su quietud no era calma.
Era contención.
Era una tensión tan extrema que cualquier mínimo movimiento podía desatar una tormenta.
Frente a él…
Leopolda.
Su madre.
O al menos… la mujer que había ocupado ese lugar toda su vida.
Pero en ese instante…
Ese título se desmoronaba.
Pedazo a pedazo.
La mirada de Jeremy