El sonido era lo primero.
Un ritmo constante.
Monótono.
Persistente.
Pit…
Pit…
Pit…
No era un sonido desagradable… pero tampoco era reconfortante. Era ajeno. Frío. Mecánico. Como si marcara no solo el tiempo… sino algo más.
Vida.
Helen no abrió los ojos de inmediato.
Su conciencia regresaba lentamente, como si emergiera desde una profundidad oscura, espesa… como si cada pensamiento tuviera que atravesar capas de dolor antes de llegar a la superficie.
Su cuerpo se sentía pesado.
Extr