Agradecimiento.
La noche en Jeju cae como un susurro, suave y envolvente, cubriendo la isla con un manto de calma que parece guardar secretos antiguos. El aire huele a sal y a tierra húmeda, y el sonido del mar llega desde la distancia como un latido constante, profundo, casi maternal. Las luces dispersas de las casas y los caminos dibujan pequeñas constelaciones humanas bajo el cielo abierto, donde las estrellas brillan con una claridad que parece imposible en otros lugares.
En medio de esa quietud, dos peque