La madrugada había avanzado en silencio sobre la casa de la nana, envolviendo cada rincón con una quietud profunda que contrastaba demasiado con todo lo que habían vivido durante las últimas semanas. Afuera, el viento golpeaba suavemente los árboles del jardín mientras el cielo oscuro permanecía cubierto por nubes densas, como si incluso la noche estuviera guardando prudencia alrededor de aquella familia que recién comenzaba a reconstruirse.
En la habitación contigua, Amelia y Abigail dormían p