El tiempo dentro de la habitación parecía haberse detenido.
El sonido del monitor seguía marcando un ritmo constante, pero ya no era lo que dominaba el ambiente. Ahora era la tensión silenciosa entre ellos… la carga de todo lo no dicho… lo que llenaba cada rincón.
Helen permanecía recostada, aún débil, aún recuperándose, pero completamente consciente.
Y frente a ella…
Alexander.
De pie.
Firme.
Inquebrantable.
Pero no distante.
No esta vez.
Sus ojos azules no se apartaban de ella, como