El restaurante tenía vista al mar. Las ventanas amplias dejaban entrar la luz clara del mediodía y el sonido lejano de las olas golpeando suavemente la costa. Todo era sereno. Armónico. Exactamente lo que Helen necesitaba.
Se sentó con elegancia en la mesa junto a la ventana. Llevaba gafas oscuras, pero aun así su presencia no pasaba desapercibida. El blanco de su atuendo contrastaba con el azul profundo del océano.
Nidia tomó asiento frente a ella.
Durante unos segundos, ninguna habló.
El