La noche había caído completamente sobre Jeju, envolviendo la casa de la nana en una calma suave que parecía imposible después de todas las tormentas que habían atravesado. Afuera, el viento movía lentamente las ramas de los árboles y el sonido lejano del mar llegaba apenas como un murmullo constante, casi relajante.
Dentro de la casa, el ambiente era cálido.
La mesa del comedor estaba iluminada por luces tenues, y por primera vez en mucho tiempo, aquella familia improvisada parecía compartir