Isabella Romano.
Volver nuevamente al penthouse fue como abrir una herida que había creído tener cerrada.
Dos años habían pasado desde la última vez que estuve aquí. Dos años pasaron desde la última vez que cruce aquellas puertas del ascensor. Dos años desde la traición, pero aun así con el paso de los años, nada había cambiado en este lugar.
Aún estaba el mismo olor a cuero, a whisky y a poder que se mezclaba con la brisa que entraba por los enormes ventanales que daban vista a la ciudad. L