Isabella Romano.
Salvatore había sido dado de alta esta mañana. Todavía seguía débil, aun con los puntos de la cirugía y la mirada más cansada de lo habitual. Pero estaba aquí conmigo. Estaba vivo.
Lo ayudo a caminar a la habitación, sujetándolo del brazo mientras caminábamos lentamente. El trataba de hacerlo por su cuenta, pero cada vez que lo intentaba gruñía del dolor.
—No tienes que demostrarme que puedes hacerlo solo—le digo mientras llegabamos a la habitación
—Soy un Mancini, puedo hac