Salvatore Mancini.
El silencio pesaba. No sabía dónde estaba, ni cuánto tiempo había pasado. Solo sentía un dolor punzante en mis costillas y hombros.
Intento mover mis dedos y una presión suave me respondió. Una mano pequeña, temblorosa y familiar me sostenia.
Entonces la escuche.
´´Yo no soy tu esposa, Salvatore. Jamás lo fui. Solo fui el reemplazo de la verdadera. Yo soy la esposa equivocada´´
´´Te amo con toda mi alma, sin mentiras y sin nombres equivocados. Solo como Isabella…´´
Isabell