El resto de la celebración continuó como si nada hubiera ocurrido, con la música llenando la sala y las copas alzándose una y otra vez, pero algo había cambiado de forma imposible de ignorar, una tensión sutil que se colaba entre las risas y las conversaciones, como si todos percibieran que, bajo el brillo del festejo, algo oscuro acababa de instalarse.
Aunque la música seguía sonando y las copas no dejaban de alzarse, la atmósfera ya no era la misma. La noticia se había esparcido en susurros: