La luz de la mañana entraba suavemente por los ventanales, deslizándose sobre las sábanas desordenadas y la amplitud de la habitación real, iluminando el silencio que quedaba después de la noche.
Edrion ya estaba despierto.
Permanecía recostado, observándola.
Lyria dormía a su lado, su respiración tranquila, el cabello extendido sobre la almohada en suaves ondas oscuras que contrastaban con la claridad del amanecer. Su rostro, libre de tensión, tenía una calma que él no había visto antes, como