Edrion permanecía de pie frente a ella, con la respiración contenida y la mirada fija, como si aún estuviera decidiendo qué hacer. Lyria, en cambio, no podía dejar de ver otra cosa.
La sangre volvió a su mente con una claridad insoportable, seguida por la imagen de los ojos de Rowan apagándose poco a poco y el sonido seco de su cuerpo al caer, repitiéndose una y otra vez en su cabeza como si no pudiera escapar de ello.
Pero el presente estaba ahí.
Edrion comenzó a despojarse de su ropa sin a