El rey se inclinó y la besó, pero cuando el contacto se rompió, no hubo calidez ni cercanía en su expresión, como si aquel gesto no hubiera significado nada más que una decisión tomada en frío. Antes de que Valeria pudiera reaccionar o interpretar lo que acababa de ocurrir, la mano de Edrion se movió con rapidez y se cerró alrededor de su cuello, sujetándola con una firmeza que la desarmó por completo.
El cambio fue tan brusco que el aire pareció desaparecer de sus pulmones.
Valeria lo miró