El día no le dio tregua.
Desde el amanecer, las puertas no dejaron de abrirse y cerrarse, dejando entrar una procesión constante de criados que cargaban cofres, telas, perfumes y joyas, cada regalo más ostentoso que el anterior, todos enviados por la familia Avelyne como una demostración silenciosa —y muy pública— de poder. Lyria permanecía sentada mientras todo se acumulaba a su alrededor, como si intentaran cubrirla con oro hasta hacer desaparecer lo que realmente era.
Sonreía cuando debía, a