Edrion se giró lentamente, y en el instante en que sus ojos se encontraron con los de ella, algo cambió en el ambiente. Su mirada descendió sin prisa, recorriéndola con una intensidad que no intentó ocultar, y luego volvió a su rostro con una fuerza que la hizo sentir completamente expuesta.
Pero esta vez, Lyria no retrocedió ni permitió que el impulso de huir tomara el control; no hubo temblor en su cuerpo ni vacilación en su mirada, sino una firmeza nueva, desconocida incluso para ella misma,