El guardia inclinó la cabeza.
—Sí, Majestad.
Cuando los hombres abandonaron la sala, el despacho volvió a quedar en silencio. Edrion permaneció allí unos segundos sin moverse, pero su mente ya no estaba en Rowan. Sus pensamientos regresaban una y otra vez a Lyria, a la marca que había visto en su cuello y a la historia que ella le había contado. Había repetido aquellas palabras con miedo contenido, asegurando que Rowan la había atacado y que la había amenazado, pero cuanto más recordaba aque