La hoja del cuchillo presionó apenas contra la piel de la joven.
—¿Dónde está Elinor? —repitió Rowan en un susurro.
La empleada temblaba con tanta fuerza que apenas podía sostenerse en pie. Sus manos se alzaron lentamente, como si temiera que cualquier movimiento brusco pudiera provocar que la hoja se hundiera más.
—N-no me mate… —murmuró con la voz quebrada—. Se lo diré.
Rowan no apartó el cuchillo.
—Habla.
—Está… está escondida —dijo la muchacha con dificultad—. En el ático de la casa.
Rowan