El despacho del rey estaba en silencio cuando los miembros del consejo terminaron de retirarse.
Los mapas seguían extendidos sobre la mesa, junto con informes sellados y pergaminos que esperaban su firma, pero Edrion no los estaba mirando. Permanecía de pie frente a la ventana alta del salón, observando los jardines del palacio con una calma que para cualquiera que lo conociera bien resultaba engañosa.
Ninguno de los consejeros comprendía qué era lo que el rey observaba con tanta atención desde