El viaje hasta la casa de campo fue más lento de lo que Rowan habría deseado.
Pero finalmente, al caer la tarde del tercer día, Rowan la reconoció entre los árboles. La casa de campo de los Vaelmont se alzaba silenciosa entre la vegetación, sus muros claros apenas visibles entre las sombras que comenzaban a alargarse con el descenso del sol. Para cualquiera habría sido solo otra residencia noble en medio del campo, pero para él aquel lugar era un recuerdo de otra vida, una promesa que había