Vivian
La casa de Alice tenía la calidez que la mansión de los Braga jamás había ofrecido. Cuadros con fotos de viajes, flores frescas sobre la mesa de centro, el aroma de un pastel horneándose en la cocina… todo respiraba vida. Era como si cada rincón tuviera una historia que contar, muy distinto de la frialdad impecable de la mansión, donde el silencio siempre reinaba absoluto.
Vivian, acurrucada en el sofá con una manta sobre los hombros, se permitió un raro lujo: no ser fuerte. El mundo all