Eduardo
La casa estaba sumida en el silencio cuando Eduardo entró. El brillo de los reflectores del evento aún ardía en sus ojos, pero allí, en el vacío de la sala, todo parecía opaco, muerto.
Las elegantes paredes de la mansión parecían más frías que nunca. El silencio, que siempre había sido sinónimo de orden, ahora tenía un peso extraño. La ausencia de ella resonaba en cada rincón. Ningún tacón repiqueteando sobre el mármol, ningún perfume suave mezclándose con las flores de la mesa de centr