El otoño brasileño teñía los jardines de la mansión Braga de tonos dorados y rojizos, creando un escenario sereno para la recuperación de Eduardo. Habían pasado seis semanas desde el incidente en Madrid y, con cada día que transcurría, recuperaba un poco más de sus fuerzas, no solo físicas, sino también emocionales.
Sentados en el jardín de invierno, Eduardo y Vivian observaban la lluvia suave que caía afuera, mientras sus tazas de té formaban pequeñas nubes de vapor en el aire fresco de la mañ