El sol matutino se filtraba por las altas ventanas del ala de sanación, iluminando el polvo en suspensión y el ambiente de tensa calma. Isis había regresado, vestida con su túnica de sanadora, lista para continuar con el trabajo mental en Lysander. Sech estaba presente, de pie junto a la pared, observando con una mezcla de amor fraternal y fría vigilancia.
Isis se acercó al lecho, donde Lysander estaba despierto, jugueteando con un hilo suelto de la sábana, todavía atrapado en su regresión infantil.
—Hola, Lysander. Vengo a jugar un rato contigo —dijo Isis, sentándose suavemente en el borde de la cama.
Lysander levantó la mirada, y sus ojos, aún hermosos, reflejaron la confusión de una mente que luchaba por encontrar un ancla.
—¿Jugar? ¿Me vas a dejar ver a Sech entrenar con los guerreros? Él no me deja —preguntó Lysander, haciendo un puchero infantil.
—Ahora no, pero vamos a hablar un poco, ¿sí? —respondió Isis, tomando su mano.
Isis comenzó a aplicar su don, enviando olas de calm