El viento del norte aullaba como un lobo herido, trayendo consigo un frío que penetraba hasta los huesos. Sech y su grupo de élite Elena, Lysander y cincuenta de los mejores rastreadores y guerreros avanzaban por los pasos helados, guiados por huellas apenas visibles en la nieve endurecida. Habían dejado el palacio hacía diez días, y cada noche la luna crecía más llena, recordándoles que el tiempo para Isis y la niña se agotaba.
Encontraron la guarida de los Hijos de la Luna Quebrada en una ant