La primavera había llegado al reino con una explosión de vida: los bosques se llenaban de brotes verdes, los ríos corrían caudalosos con el deshielo, y en el Palacio el aire estaba impregnado de un aroma dulce a flores silvestres y anticipación. Isis estaba en su octava luna de embarazo, el vientre prominente tensando los vestidos de seda blanca que las sanadoras le habían confeccionado. Caminaba con lentitud por los jardines, apoyada en el brazo de Elena, mientras Altea y Lysander las seguían