Los días siguientes a la confrontación se desarrollaron en un silencio sepulcral. El palacio, que por un breve y glorioso momento había resonado con risas, se convirtió en una tumba de mármol. Adriano intentó, con una desesperación torpe y tardía, romper el hielo que ahora lo separaba de Alexandra.
Mandó flores a su suite—orquídeas blancas, como las de su boda. Al día siguiente, las encontró perfectamente dispuestas en un jarrón en el vestíbulo principal, un gesto de una cortesía impersonal y g