Milán, un lujoso apartamento con vistas a los Navigli, olía a vino caro y rencor. Sofia sirvió otra copa a Victoria, quien recorría el espacio con una mirada crítica, evaluando cada objeto de arte con un desdén apenas disimulado. La alianza entre la ex esposa y la hermana despechada se había solidificado en las últimas semanas, alimentada por llamadas telefónicas llenas de veneno y un odio mutuo que las unía más que cualquier afinidad.
—Ya está decidido —declaró Sofia, dejando la botella sobre