Esteban bajó del auto con movimientos lentos. Sus manos temblaban ligeramente mientras abría la puerta del copiloto, pero su rostro seguía rígido, controlando las emociones que amenazaban con traicionarlo.
Elyna permaneció en silencio.
—Elías se quedará contigo —dijo Esteban con voz firme, aunque una sombra de preocupación cruzó sus ojos—. El chofer vendrá rápido, apenas unos minutos.
—¡No! —interrumpió el pequeño con un grito desesperado, la voz quebrada por la mezcla de rabia—. ¡Yo iré contigo