Julián hizo una seña discreta con la mano y llamó a una de las empleadas. Su expresión era firme, pero en el fondo de sus ojos había una sombra de inquietud que no lograba ocultar.
—Lleven a Lucero a su habitación —ordenó con voz baja, controlada.
La mujer asintió y dio un paso al frente, pero no tuvo tiempo de acercarse.
La pequeña Lucero reaccionó con una rapidez inesperada para su edad. Se abalanzó sobre Elyna, rodeándola con sus brazos delgados, aferrándose a ella como si fuera lo único sóli