Juliano se levantó de golpe, como si una corriente eléctrica hubiera recorrido todo su cuerpo.
—¿Un hijo? —repitió, con la voz cargada de incredulidad—. ¿Estás… embarazada?
Salma lo miró con una sonrisa suave, casi dulce, pero en sus ojos brillaba algo más intenso, algo difícil de descifrar.
—Tengo pocas semanas… —respondió con calma, llevando una mano a su vientre—, pero es verdad. ¿No me crees?
El silencio cayó entre ellos.
Juliano no respondió de inmediato. Su mente parecía haberse quedado at