A la mañana siguiente.
Un sonido insistente comenzó a filtrarse en la mente de Verónica, sacándola poco a poco de la oscuridad del sueño. Era un golpe seco, repetitivo… alguien tocaba la puerta.
Abrió los ojos lentamente, con el cuerpo pesado, como si cada músculo le doliera sin razón aparente. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar su entorno. Por unos segundos, no supo dónde estaba. Todo le parecía confuso, borroso… hasta que reconoció su habitación.
Se incorporó con dificultad, llevándose