Elyna miró a su hijo.
Durante unos segundos, no pudo decir nada. Sus labios temblaron apenas, y sus ojos se humedecieron con rapidez, como si las lágrimas estuvieran a punto de desbordarse sin pedir permiso.
“Arruinó su vida…”
El pensamiento llegó como un golpe.
Pero de inmediato, otro lo interrumpió.
“No… espera. Enojarme y gritar no servirá de nada.”
Cerró los ojos un instante, obligándose a respirar con profundidad. No podía perder el control. No frente a ellos. No en ese momento.
Cuando volv