—¡Elías es mi hijo… el hijo de…! —la voz de Elyna se quebró antes de terminar la frase.
—¡El hijo de Esteban Senegal! —la interrumpió Julián con dureza—. ¿Cuándo vas a entender que no es tu hijo? Esa cabeza dura que tienes no entiende nada. Ese hombre te engañó, te manipuló, y su hijo es igual que él.
Elyna negó lentamente, con los ojos húmedos, como si cada palabra de Julián intentara arrancarle algo del pecho.
—No puedo… no puedo dejarlo así —susurró—. Está solo. Está herido. Debo ir a buscarl