—¡¿Qué dices?! ¡No, eso no es posible en ninguna circunstancia! ¡No te casarás con ella! —gritó Elyna, y su voz resonó con una fuerza violenta por todas las paredes del lujoso comedor.
El rostro de Elyna se transformó, perdiendo toda la elegancia que solía caracterizarla.
La mención del matrimonio entre su hijo y esa joven fue como una puñalada que despertó todos sus demonios del pasado.
—¡Madre, no hables de esa manera! —respondió Elías, dando un paso al frente para proteger a Ela—. Es la muje