Elyna y Alegra estaban sentadas en aquel bar de lujo exclusivo para mujeres, un lugar elegante, lleno de luces cálidas, música suave y murmullos discretos. Todo era refinado… menos el estado emocional de Elyna.
Ella no podía dejar de llorar.
Las lágrimas caían sin control mientras sostenía una copa entre los dedos temblorosos. Bebía sin realmente saborear el alcohol, como si intentara ahogar con él algo mucho más profundo.
—¡Qué tonto hijo tuve! —exclamó entre sollozos—. Mira lo que me hizo… ¡mi