—¡Qué hermoso pequeño! ¿Quién es? —exclamó Elyna con una sonrisa genuina al ver al niño que se aferraba a la mano de Vera.
El pequeño levantó la mirada, curioso, y le devolvió la sonrisa con naturalidad.
Tenía unos ojos grandes, atentos, de esos que parecen observar más de lo que dicen. Vera apretó con suavidad la mano del niño, como si ese gesto la anclara.
—Él es Gabriel —explicó—. Es el sobrino de Bernie. Él lo cría, porque su padre está lejos, trabajando.
El niño asintió con la cabeza, como