—¡Ni siquiera la toqué! —gritó Elyna con la voz rota, temblorosa—. ¡Revisen las cámaras, por favor…!
Su súplica se perdió entre el murmullo creciente del hospital. Enfermeras, médicos y familiares se detuvieron a observar la escena con una mezcla de curiosidad y morbo.
Nadie intervino. Nadie la defendió.
Luisa, en cambio, no esperó a que alguien respondiera. Con el rostro inexpresivo y los labios apretados, alzó la mano con un gesto seco y autoritario. Dos guardias de seguridad reaccionaron de i