Al día siguiente, la rutina parecía intentar imponerse, pero nada era igual.
Elías regresó a la empresa con su habitual porte seguro y dominante, su mirada recorriendo la oficina con esa determinación que siempre lo hacía destacar.
Alma estaba allí, sentada en su escritorio, intentando concentrarse en su trabajo como si nada hubiera pasado.
Sus manos se movían sobre el teclado con rapidez, sus ojos evitaban encontrarse con los de él, y su corazón se aceleraba cada vez que sentía su presencia cer