Ella tomó la toalla con manos temblorosas y se cubrió de prisa, como si el simple aire pudiera delatarla, como si aquel instante hubiese dejado una huella visible sobre su piel.
—¡No vuelva a besarme! —exclamó, con la voz quebrada, más herida que furiosa.
Julián frunció el ceño, visiblemente desconcertado.
—¿Yo te he besado? —respondió, con incredulidad—. ¡Tú me besaste a mí!
Elyna lo miró como si no pudiera creer lo que escuchaba.
Sus ojos, aún húmedos, reflejaban una mezcla de vergüenza, confu