El silencio en la mansión Senegal era denso, casi sólido.
Kelly bajó las escaleras de mármol con el corazón martilleando contra sus costillas.
Escuchó que Luisa la llamaba a gritos con nombres y se asustó
—¿Qué sucede? ¿Por qué están todos aquí con esas caras? —preguntó Kelly, intentando mantener una fachada de inocencia, aunque su voz tembló al final.
No hubo respuesta verbal.
Luisa se abalanzó sobre ella.
Antes de que Kelly pudiera reaccionar, el sonido seco de una bofetada desgarró el aire.
—