Juliano condujo con rapidez, con el corazón latiendo a mil por hora, mientras llevaba a Alegra al hospital.
Cada minuto que pasaba le parecía una eternidad; no podía dejar de pensar en lo que le había ocurrido, en la manera en que Salma la había puesto en peligro, en lo cerca que había estado de perderla.
Mientras la observaba desde el asiento del copiloto, su mirada estaba llena de preocupación, de miedo y de amor a partes iguales.
Alegra parecía débil, todavía temblorosa, con los ojos vidrios